Importancia de la Demografía en el ejercicio profesional del Ordenamiento Territorial
Para establecer la importancia de la demografía en el ejercicio profesional del ordenamiento territorial es necesario iniciar con la conceptualización de los términos para su posterior relacionamiento.
Es así
como la Economipedia manifiesta que “la demografía es la ciencia que se ocupa
de estudiar la estructura, la evolución, las características y el tamaño de la
población humana”.
De la
misma forma Maldonado-Cruz, 2005, indica lo siguiente: “Se puede decir que la
demografía es una ciencia cuyo objeto es el hombre considerado en la totalidad
de los aspectos de su realidad como miembro de una colectividad a la que
ingresa por el sólo hecho de nacer y de la que se retira cuando muere”.
Así también,
el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales en su División de Población de
las Naciones Unidas según lo citado por la Unión Internacional para el Estudio
Científico de la Población (International Union for the Scientific Study of
Population, 2017) dicta que “la demografía es el estudio científico de las
poblaciones humanas, principalmente con respecto a su tamaño, estructura y
desarrollo, esto tomando en cuenta aspectos cuantitativos de sus
características generales”.
Con lo
cual se resume en que la demografía es una ciencia que estudia cuantitativamente
a la población desde su estructura hasta su desarrollo.
Por
otro lado, el ordenamiento territorial se refiere a “la expresión espacial de
las políticas económicas, sociales, culturales y ecológicas de la sociedad; y,
esta a su vez es una disciplina científica, una técnica administrativa y una
política concebida como un enfoque interdisciplinario y global, cuyo objetivo
es un desarrollo equilibrado de las regiones y la organización física del
espacio según un concepto rector” como lo manifiesta la Carta Europea de
Ordenación del Territorio, firmada por los países representados en la
Conferencia Europea de Ministros Responsables de Ordenamiento Territorial
(CEMAT).
Adicionalmente,
La Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente de América Latina y el Caribe en
1990, establece al Ordenamiento Territorial como “…el camino que conduce a
buscar una distribución geográfica de la población y sus actividades, de
acuerdo con la integridad y potencialidad de los recursos naturales que
conforman el entorno físico y biótico, todo ello en la búsqueda de unas condiciones
de vida mejores”. (Massiris, 2004).
Para, Zoido
(1998), el ordenamiento territorial es “una función pública y política compleja
apoyada en instrumentos jurídicos y en diferentes conocimientos científicos y
aportaciones pluridisciplinares que lleva implícita la voluntad y la acción
pública para mejorar la localización y disposición de los hechos en el espacio;
especialmente de aquellos con un sentido estructurante o un mayor significado
respecto a las necesidades y condiciones de vida de quienes lo habitan. Además,
establece, para un espacio dado, la distribución de los usos del suelo y la
localización de las estructuras y los sistemas que posibilitan la mayor
integración funcional del territorio, tomado como punto de partida los caracteres
propios que singularizan cada espacio geográfico”.
Por lo
expuesto, se afirma que ordenamiento territorial es la materialización de la
política pública de un territorio para el establecimiento de un desarrollo sostenible
y la organización del espacio físico en la búsqueda de mejores condiciones de
vida.
Una
vez, definidos y particularizados los términos demografía y ordenamiento
territorial, sus congruencias recaen en el estudio de la población desde su
nacimiento hasta su muerte, para la toma de decisiones, en pro del territorio;
por lo tanto, es vital contar con estas mediciones para un adecuado ejercicio
profesional de los planificadores.
Así también,
el gestionar la permanente transformación del territorio, se lo consigue con el
análisis profundo de la dinámica sociedad y espacio, donde el comportamiento de
la población marca las pautas.
Finalmente,
se puede concluir que el ordenamiento territorial procura la construcción de
una visión integradora de la sociedad y su entorno, a través de políticas públicas
tecnocráticas y participativas.
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